12.1 RECURSOS MATERIALES Y HUMANOS
Para esta modalidad conviene que el tipo de piscina sea profunda (de dos m. en adelante), si bien en una fase de inicio del programa se puede recurrir a una piscina poco profunda para algunos ejercicios, como los nados y remadas. El espacio puede ser limitado a dos o tres calles, en la parte general, y a algunas habilidades, pero deberá ser amplio (media o toda la piscina) en la parte de rutinas. En general, es positivo trabajar en un lateral, para ejercitar las remadas y las figuras.
La temperatura será suficiente con que pase de 25º.
El material necesario se limitará a un equipo musical para fuera y, en lo posible, con bafles subacuáticos. Si no se dispone de éstos, será necesario que la preparadora indique los tiempos, con unos toques en una barra sumergida en un extremo.
Una pizarra será de ayuda para visualizar las posiciones y rutinas.
El rol del educador será análogo al desempeñado en la anterior modalidad. En todo momento será el mediador de esta actividad, y deberá reforzar con su estímulo el proceso de aprendizaje. Esta especialidad goza de un atractivo inicial para las alumnas, pero dado que requiere una preparación exhaustiva, el educador deberá saber motivar y hacer notar los graduales progresos. Del componente afectivo ser irá pasando a uno más cognitivo a medida que se imparta docencia a grupos de edad más avanzada.
La preparación periódica de exhibiciones y campeonatos será un elemento de estímulo para los aprendizajes.