10. ORGANIZACION DE LA ESCUELA DE SINCRO

EDADES Y NIVELES

Será preciso llegar a una fase de motricidad específica para poder practicarla como tal, con sus reglas, tipo de ejecución de sus habilidades, ,etc. Si bien, ya antes (de seis a ocho años) serán positivas unas propuestas preliminares a través de actividades jugadas para estimular la inquietud y motivación por esta actividad. Será especialmente positivo que ello vaya acompañado, en estas edades, de una formación paralela en gimnasia y en la educación del sentido musical, lo cual luego será transferido a la propia modalidad.

A partir de esta edad, idónea para su práctica, será necesario, al igual que en todas las especialidades descritas, diferenciar el tipo y las cargas de trabajo según se trate de ciclos de ocho a diez, once a doce o doce en adelante.

El nivel requerido (de aptitud inicial) partirá de un control y destreza en las habilidades básicas: crol, espalda y braza y, aquí especialmente, un dominio del cuerpo en el medio en lo que se refiere a flotaciones, giros, cambios de posición y nado subacuático.

Los niveles o esfera de trabajo a abarcar es el de un Programa de iniciación a la sincronizada A su vez, dentro de él, dado que hablamos por un lado propiamente de especialidad y de actividades jugadas por otro, podremos separar dos grupos dentro de esta iniciación:

- De siete a nueve...................................Actividad jugada (preliminar)

- De nueve en adelante............................Grupo de iniciación

Por tanto, en el grupo escuela la dificultad primordial que se presenta en el momento de dirigir los entrenamientos es la gran diversidad de niveles. Este echo se debe a la diferencia de dominio del medio acuático y de la experiencia de las componentes del grupo. La escuela está formada por dos grupos: el Nivel I y el Nivel II.

 

El Nivel I está constituido principalmente por niñas de edades comprendidas entre los cinco y los siete años que han sido escogidas a partir de las aptitudes que presentan hacia el deporte. Todas ellas empiezan con una beca de dos meses que les permite iniciarse en la modalidad. Hay que remarcar que estas niñas tienen unos conocimientos muy primitivos de la natación. Por ese motivo requieren la máxima atención del monitor. Esta iniciación tiene que incluir numerosos juegos (acuáticos y gimnásticos), composición de figuras de todo tipo de forma conjunta, carreras,… Así se consigue potenciar la flexibilidad, la capacidad pulmonar y la creatividad, pilares básicos de la Natación Sincronizada. Los entrenamientos tienen que ser ligeros, amenos y originales, para conseguir animar a las niñas y motivarlas que sigan luchando para abrirse camino en esta modalidad.

El Nivel II lo integran niñas de entre siete y nueve años que presentan un nivel superior tanto en el ámbito de natación (estrictamente hablando) como de sincronizada. Este grupo ya ha asistido como mínimo a unas jornadas de competición dirigidas por el Consell Escolar de Barcelona que les acredita la superación de las pruebas del Nivel I. De manera que las nadadoras necesitan entrenamientos más fuertes, basados en la resistencia, la propulsión y la perfección de técnicas más complejas para llegar a adquirir un nivel suficiente para pasar a la categoría superior, el Grupo A, que comprende las edades de 9 a 12 años. Los entrenamientos ya nombrados constan de una combinación tanto de potencia muscular como anaeróbica. Tienen que aprender a coordinar los movimientos tanto de brazos como de piernas, a la vez que se introducen las posiciones básicas con las técnicas de sujeción (las llamadas remadas).

De este modo corroboramos la existencia de dos niveles con dos tipos de entrenamiento muy diferenciado. Esto implica que si los entrenamientos se hacen de forma conjunta, sin hacer discriminaciones de grupos, para el Nivel I supone un gran esfuerzo, y aún siendo así les es imposible seguir el ritmo de las demás. El Nivel II, en cambio, ve reducido su ritmo, comportando un avance muy lento e insuficiente. Por este motivo seria conveniente la división de la Escuela en dos grupos bien delimitados. Se considera que esta separación seria plenamente eficaz tanto para las niñas como para la entrenadora, permitiendo un aprendizaje más adecuado para cada nivel. Para llevar a cabo esta separación seria necesario que los dos grupos tuvieran diferentes días de entrenamiento a la semana o bien diferentes horarios. No obstante, sería interesante hacer una sesión conjunta para potenciar los vínculos entre los dos grupos. Estos vínculos son importantes, ya que en el momento de hacer los ballets de forma conjunta se requiere una fuerte compenetración con las compañeras.