2. INTRODUCCION GENERAL
"En el deporte, nada tiene sentido
excepto bajo el prisma de la evolución y superación"
Esta frase es todo un reto. El área de trabajo de las Actividades Acuáticas, ya es sabido, es especialmente interesante. Pero lo importante vendrá dado por la vía de la efectividad y la mejora de la tarea ofrecida, y ella procederá en última instancia, de la sistemática y coherencia de que partamos.
Es un hecho palpable que, en la actualidad, se vive un interés creciente por la Actividad física en general. Las Actividades acuáticas, por tanto, no son ajenas a ello. El aumento de infraestructuras para su práctica es otro hecho.
A ningún técnico se le escapa que las Actividades acuáticas, concretadas en sus diversas alternativas, son una vía que contribuye a aumentar el bienestar, que favorecen una mejora de la calidad de vida, en definitiva, que complementan, de forma diversificada, muchas esferas de la vida personal de diferentes sectores. Y es por ello que, el acceso y adecuación para su práctica, se convierte en una atención prioritaria en entidades e instalaciones acuáticas.
Se ha generado una conciencia de mejora y beneficio en diferentes ámbitos. Pensemos en su aplicación en el campo educativo. Para niños y jóvenes supone un refuerzo o soporte a su formación. Su educación, encuadrada en la idea de globalidad, encontrará en la Actividad acuática un elemento de primer orden que contribuye a articular su desarrollo global.
Junto a esta inquietud, que se va concretando en muchas instalaciones a la hora de planificar un servicio escolar, existen otras análogas. Encontraremos también esa conciencia cuando nos referimos a la actividad acuática en el terreno de la reeducación o terapia. Se parte de una actividad que estimule o favorezca la reestructuración corporal a través de la reeducación psicomotriz en algunas alteraciones físicas o psíquicas.
Finalmente, se parte del convencimiento que, disponer en un país de deportistas y equipos de élite es fruto de una labor de base, de una tarea de formación de niños y jóvenes en el deporte.
Vemos, pues, que esta conciencia inicial ya se ha generado en muchos técnicos. Y junto a ello, como punto de partida, se encuentra la instalación y el alumno: dos realidades a conocer y armonizar. Entre ellos mediará el técnico, el equipo responsable que deberá hacer llegar una oferta elaborada y eficaz a sus alumnos.
Decimos que es preciso conocer al alumno. En cuanto a éste, nos llevará a ajustar nuestros planes de acción y estrategias: los programas. Pero también hemos hablado de conocer la instalación. Y ello es así, por ser esta pieza inseparable para la adecuación y efectividad de los primeros.
El técnico que desempeña su tarea en una instalación sabe que, a diferencia de otras disciplinas, en la docencia de las actividades acuáticas hay una estrecha relación entre la tarea a impartir y la de gestión de la instalación; entre la metodología y contenidos a aplicar y las condiciones que en la instalación se den (tipo de ente, planificación, recursos ). Y asimismo, que el papel a desempeñar por el técnico en una instalación suele fusionar, en muchos casos, aspectos de la gestión de la misma con los de la docencia y organización para su aplicación.
Plantear programas en un plano exclusivamente teórico puede alejarnos de una utilidad práctica, y éstos, sólo serán efectivos si están en relación con el entorno que los condicionará.